El pastor de Aldeabone

Estándar

Dicen que canté en la barriga de mi madre. Nací en un pequeño pueblo de la campiña italiana, Aldeabone. Mis padres me llevaron un día a la feria, en la capital de la comarca, mientras yo saboreaba una nube de algodón de azúcar, una gitana me leyó el futuro en la palma de la mano, me dijo que llevaría sobre los hombros una gran responsabilidad, que mi número era el cinco, y mi color el blanco.

Yo hacía diabluras con el balón, intentando emular a mi ídolo Zinedine Zidane, que casualmente llevaba la camiseta blanca del Real Madrid, con el número cinco en su dorsal. Lo de la responsabilidad me llegó más adelante cuando después de una larga carrera en el seminario, pasando por todas las etapas, sacerdote, obispo, cardenal, como un gusano en su viaje, capullo, crisálida y mariposa, me nombraron guía espiritual de media humanidad.

Aún hoy por los largos pasillos del Vaticano, hago algún amago de ruleta con los guardias suizos.
Ellos no pestañean, pero yo sonrío pensando qué bella es la vida.

Zidane

Anuncios

Aquiles y la tortuga

Estándar
tiempo

Aquiles el de los pies ligeros le gana unas décimas al viento.

En un lugar del Ática occidental, vivía, más dedicado a cultivar su cuerpo, Aquiles, rey de los mirmidones, de cuya memoria guarda Troya una flecha.
Aquiles, coloca sus pies en unos tacos de madera inclinados, ensayando una y otra vez la salida para la carrera corta, pues quiere ganarle unas décimas al viento.
Aquiles salta como si tuviera un resorte, corre cual gacela unos cuantos metros, volviendo lánguidamente al punto de partida.
Entre los espectadores, coreando cada gesto de su ídolo en aquel buen día de primavera, un jabalí, pariente lejano de otro muy famoso que hubo en Erimanto. El jabalí Joaquín, observando las salidas de Aquiles, y a una tortuga que cruzaba las calles de tartán, aprovechó la circunstancia para retar a su gran amigo Zenón, diciéndole:
-Puedes decirme si Aquiles vencerá a la tortuga que el estadio olímpico atraviesa.
El sabio de Elea meditó su respuesta:
-¿Es la mente como la flecha?, ¿avanza o retrocede?, diez metros por uno, eso hace un metro por cero coma uno.
-El de los pies ligeros nunca podrá pillarla -convino el jabalí-. Por cierto tu esposa Anaximandra prepara una excelente sopa de tortuga.
-Con un buen vino del Ponto.